Departamento de Lengua Española (Campanillas)

Sonetos anotados. IV (Bautista de Mesa)

             (Juan Bautista de Mesa[1])

                         Soneto[2]

 

 

   Esparcido el cabello de oro al viento,

Dafne, con blanca si ligera planta,

huye más bella y presta que Atalanta[3]

del Cintio[4] dios que va en su seguimiento.

   Tal vez él le permite el vencimiento

temiendo de ofender belleza tanta,

tal por gozarla tanto se adelanta

que ella siente a la espalda ya su aliento.

   Mas al fin de tan áspera fatiga,

Apolo ve que Dafne en laurel verde

asconde su figura y se transforma.

   Mayor mal temo yo de mi enemiga,

que si la sigo y su figura pierde

en dura piedra mudará su forma.[5]

 

 

[1] Apenas se sabe de este poeta barroco, de quien se seleccionan algunos poemas en el Cancionero Antequerano que recopiló Ignacio de Toledo Godoy entre 1627 y 1629. Este soneto recoge el mito de Apolo y Dafne, quien se transformó en laurel cuando iba a ser alcanzada por el dios. Los poetas barrocos recurren al tema mitológico para expresar sus sentimientos amorosos y desengañados.

[2] No podía dejar de seleccionar un soneto de contenido mitológico. El mito de Apolo y Dafne es uno de los más difundidos por los poetas del Renacimiento y Barroco: Enamorado el dios de la ninfa Dafne, corre tras ella; pero ésta, aterrorizada, pide auxilio a su padre, el río Peneo, quien la transforma en laurel. Desde entonces, el laurel es el árbol consagrado al dios Apolo. También Garcilaso de la Vega, Quevedo, Almeyda y un sinfín de poetas más han recurrido a este motivo mitológico.

[3] Compara a Dafne con Atalanta, hija de Yaso y Clímene. No quería casarse porque un oráculo le había advertido que corría peligro si se unía a un mortal. Presionada por su padre, había anunciado por fin que se casaría solamente con quien fuese capaz de vencerla en una carrera, pero advirtiendo que mataría al que no lo consiguiese. Había dado muerte ya a varios pretendientes cuando apareció un joven llamado Hipómenes o Melanión, quien traía consigo tres áureas manzanas que le había regalado la diosa Afrodita. Durante la carrera, cada vez que iba a ser alcanzado, arrojaba una de las manzanas, lo cual hacía detenerse a Atalanta para recogerla y le permitía a él adquirir nueva ventaja. Gracias a este ardid, no sólo consiguió vencer en la carrera, sino también el amor de la joven.

[4] Se refiere a Apolo.

[5] En el último terceto, se asocia el mito con el sentimiento amoroso del poeta. Tanto desdeño podría provocar el enamorado en su amada si la persiguiese, que ésta se transformaría en piedra, símbolo de la frialdad y la dureza.


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