Departamento de Lengua Española (Campanillas)

Sonetos anotados. I (Cancionero de Antequera)

                                        Cancionero de Antequera[1]

 (Notas de Francisco L. Montero)

                                                      Soneto[2]

 

    El mismo. A la muerte de Her[nan]do

            de Herrera. Soneto. 111.

 

“Oíste, ¡oh padre Betis!, la voz rara

   de un cisne[3] de tu orilla, el gran Herrera,

   tan dulce voz que a mí en mi cuarta esfera[4]

   el número y el son[5] mil veces para;

digo aquel q[ue] su Luz divina y clara

   hizo q[ue] resonase tu ribera[6],

   por quien gozaste eterna primavera

   y su nombre inmortal [e]statua y ara.

Este, pues, de Vandalia[7] honor y gloria,

   es muerto [a]l sacro Betis dijo Febo[8]

   porque presida en mi divino coro[9]”.

Y Betis respondió: “Ya sé la historia,

   y así de hoy más las ondas q[ue] al mar llevo

   lágrimas son q[ue] por su falta lloro”.

 


[1] El Cancionero de Antequera fue copiado, entre 1627 y 1629, por Ignacio de Toledo Godoy. La colección completa consta de más de 700 composiciones, de las que Dámaso Alonso publicó una selección en 1950; algunas permanecen aún sin editar.

[2] Trata este soneto de un diálogo entre el dios Febo y el río Betis (Guadalquivir), en el que se elogia la maestría del poeta sevillano Fernando de Herrera, muerto recientemente. El dios afirma que lo ha llevado junto a sí para que presida su divino coro; el río le responde que la crecida del caudal se debe a las lágrimas que él mismo vierte. Era un lugar común de los poetas renacentistas y barrocos personificar y mitificar los ríos, como el Tajo y el Guadalquivir, elevándolos a la dignidad de los diosesríos de Grecia.

[3] El cisne simboliza al poeta. Es un ave consagrada a Apolo o Febo como dios de la música, por la mítica creencia de que, antes de morir, entonaba un dulce y bello cantar. También los poetas del Modernismo vieron en el cisne la representación del poeta dedicado por entero al arte.

[4] Según la teoría planetaria dominante en la época, el Universo constaba de diez esferas: una para cada uno de los siete planetas conocidos (luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno); la esfera de las estrellas fijas; la del primer móvil, y la de inmóvil o empíreo. La cuarta esfera era la del Sol y, en mitología y alquimia, Febo tiene la misma significación que el sol.

[5] Según la teoría pitagórica, la música estaba realizada de números concordes.

[6] Fernando de Herrera situó varias de sus composiciones en las riberas del río Betis, como en la égloga que dice: “Betis murmura en su ribera y prado…”; o bien, dedicó al río otras, como en el soneto: “Oye tú solo, eterno y sacro río…

[7] Vandalia: Andalucía. Según Covarrubias, en su Tesoro, los vándalos eran “Gente septentrional, de diversos reinos, como de Bohemia, Polonia, Rusia, Dalmacia y otros convecinos. A todos éstos llamaron vándalos; los cuales viniendo a España, según opinión de algunos, dieron nombre a la provincia Vandalucía, y perdida la primera letra v, Andalucía.

[8] Febo: Nombre romano del dios Apolo.

[9] Se refiere al coro de las Musas, a las que se sitúan junto a Apolo amenizando con su canto el banquete de los dioses. Aunque el número de las Musas varía según las fuentes mitológicas, para Hesíodo eran nueve: Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania.

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