Departamento de Lengua Española (Campanillas)

Sonetos anotados. III (Espinosa)

Soneto de Pedro de Espinosa[1]

 

(Notas de Francisco L. Montero Ruiz)

 

      A LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

   En turquesadas[2] nubes y celajes[3]

están en los alcázares empirios[4],

con blancas hachas y con blancos cirios,

del sacro Dios los soberanos pajes[5];

   humean de mil suertes y linajes,

entre amaranto[6] y plateados lirios[7],

inciensos indios y pebetes[8] sirios,

sobre alfombras de lazos y follajes.

   Por manto el sol, la luna por chapines[9],

llegó la Virgen a la empírea sala,

visita que esperaba el Cielo tanto;

   echáronse a sus pies los serafines,

cantáronle los ángeles la galas[10],

y sentola a su lado el Verbo santo.

 

 

N.E. He elegido este poema por dos razones: en primer lugar, por ser de un autor andaluz, más concretamente antequerano; y en segundo lugar, porque trata un motivo de inspiración religiosa, propio del arte barroco y  de la Contrarreforma española: la asunción de la Virgen María. Son evidentes las relaciones iconográficas entre la pintura barroca y este soneto (amaranto, lirios, pebete, incienso); pero, sobre todo, en lo que atañe a la presencia del sol en el manto de la Virgen y de la luna, a sus pies.

[1] Nació en Antequera (1578), que era, a la sazón, una población muy importante por albergar un grupo poético que desempeñó un papel decisivo en la difusión de la poética barroca pre¾culterana. En su juventud, se enamoró de una poetisa; pero, tras un fuerte desengaño, decidió apartarse del mundanal ruido y llevar una vida religiosa, aunque sin apartarse de las tertulias y reuniones literarias. En 1615 se ordenó sacerdote, tomando el nombre de Pedro de Jesús. Fue rector del colegio de San Ildefonso en Sanlúcar de Barrameda. Murió en 1650. Escribió poemas amorosos, mitológicos y religiosos, entre los que destaca su celebérrima Fábula del Genil.

[2] Azul turquí.

[3] El celaje es el aspecto que presenta el cielo cuando hay nubes tenues.

[4] Empíreos, hoy día. Este adjetivo tiene el significado de “celestial, divino”.

[5] Sin duda, alude a los ángeles.

[6] El amaranto es una planta que, según el Tesoro de Covarrubias (1611), duraba mucho sin corromperse y sin que sus flores perdiesen el olor. Añade que eran las flores del color del oro, o carmesíes ¾según DRAE¾, y que las muchachas acostumbraban a hacerse guirnaldas con ellas. Por su parte, el Diccionario de Autoridades afirma que “Hai dos espécies de esta planta, una que echa la flor doráda, y la otra encarnáda” (sic). Es evidente que es planta muy apropiada para la Virgen, por tardar en corromperse y oler durante muchos días.

[7] Abundan los lirios de color cárdeno; en todo caso, a esta planta silvestre se le atribuían muchas cualidades y virtudes medicinales.

[8] “Composición aromática, confeccionada de polvos odoríferos, que encendida, echa de si un humo mui fragante, y se forma regularmente en figura de una varilla” (Diccionario de Autoridades).

[9] Chanclo corto, forrado de cordobán, muy usado antaño por las mujeres.

[10] Júbilo, regocijo. Según Covarrubias, era también la gala un cantarcillo que comenzaba “Hala gala”.


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